Cuando hablamos de «problemas de atención» tras un daño cerebral adquirido, solemos referirnos a ella como si fuera una sola capacidad. En realidad existen distintos tipos de atención que pueden verse afectados de forma independiente.
Un paciente puede mantener la concentración en una tarea larga sin dificultad, pero perderse en cuanto hay ruido de fondo. Otro puede filtrar bien los distractores, pero bloquearse al tener que pasar de una tarea a otra. Distinguir estos tipos de atención no es un ejercicio académico: determina qué se entrena primero, con qué materiales y con qué objetivo funcional.
Atención sostenida: mantener el foco en el tiempo
La atención sostenida es la capacidad de mantener el nivel de rendimiento en una tarea durante un periodo prolongado, sin que el desempeño decaiga por fatiga o desconexión.
Tras un ictus o un traumatismo craneoencefálico es habitual que esta capacidad se vea reducida: la persona empieza bien una actividad y, pasados unos minutos, aumentan los errores o se ralentiza la respuesta. Esto se confunde a veces con falta de motivación, cuando en realidad es un déficit atencional específico, a menudo agravado por la fatiga cognitiva propia del daño cerebral. De los tres tipos de atención que veremos aquí, suele ser el primero en trabajarse: entrenarla implica tareas de duración creciente, con feedback inmediato, y sesiones breves para no generar el efecto contrario al buscado.
Atención selectiva: filtrar lo relevante
La atención selectiva permite centrarse en un estímulo concreto mientras se ignoran otros que compiten por los recursos atencionales. Es la que falla cuando alguien no puede seguir una conversación en un entorno con varias voces, o comete errores en una tarea sencilla porque cualquier elemento visual cercano lo distrae.
A diferencia de la sostenida, aquí el problema no es «aguantar», sino «discriminar». El entrenamiento suele partir de tareas con distractores controlados, que se van haciendo más parecidos al estímulo diana a medida que mejora el filtrado, y se beneficia de generalizarse después a entornos con ruido real: una cocina, una sala de espera, una pantalla con varias ventanas abiertas.
Atención alternante: cambiar de tarea sin perder el hilo
La atención alternante es la capacidad de desplazar el foco entre dos tareas o criterios de forma flexible, retomando cada una donde se dejó. Está muy vinculada a las funciones ejecutivas y es la que se pone a prueba, por ejemplo, al cocinar mientras se atiende el teléfono, o al alternar entre leer una cifra y sumarla mentalmente.
Cuando falla, la persona tiende a «quedarse enganchada» en la primera tarea o a perder el criterio de la segunda al volver a ella. Es, de los tres tipos de atención descritos, el que más tarde suele trabajarse, porque exige que los dos anteriores tengan ya una base mínima. El trabajo terapéutico progresa desde alternancias simples y muy pautadas hacia tareas de doble demanda cada vez más parecidas a la vida diaria.

Tipos de atención: por qué entrenarlos por separado
Agrupar todo bajo la etiqueta genérica de «atención» lleva a programas de estimulación poco eficaces: se practica lo que ya funciona bien y se deja sin trabajar el componente realmente deficitario.
Una evaluación neuropsicológica previa permite identificar qué tipos de atención están más afectados y diseñar una progresión con sentido: primero sostenida, si la base de resistencia atencional es insuficiente; después selectiva o alternante, según la demanda funcional prioritaria de cada persona. Las fichas de atención de Cogniteka están organizadas siguiendo esta lógica, para que cada sesión de trabajo tenga un objetivo claro y medible. También puedes consultar las fichas de funciones ejecutivas, muy relacionadas con la atención alternante.
Qué dice la investigación
La evidencia sobre el entrenamiento de estos tipos de atención tras un daño cerebral es, en conjunto, prometedora, aunque debe interpretarse de forma individualizada. Una revisión sistemática reciente sobre entrenamiento atencional en adultos con traumatismo craneoencefálico moderado-severo encontró mejoras en la mayoría de los estudios analizados, con ganancias más frecuentes en atención dividida, seguidas de sostenida y selectiva, con independencia de la edad o el tiempo transcurrido desde la lesión (Soule et al., 2025, Archives of Physical Medicine & Rehabilitation).
Un estudio de seguimiento a dos años en pacientes con ictus o TCE que recibieron entrenamiento atencional intensivo en fase temprana mostró ventajas sostenidas en actividades cotidianas, capacidad laboral y reincorporación al trabajo respecto al inicio más tardío de la intervención (Markovic et al., 2024, Journal of Rehabilitation Medicine). Ambos trabajos coinciden en algo relevante para la práctica clínica: la constancia y la precocidad del entrenamiento pesan tanto como el tipo de tarea elegida.
Este contenido es material de apoyo divulgativo y no sustituye la valoración ni el plan de rehabilitación individualizado de un profesional. Puedes seguir también las publicaciones de Cogniteka en Pinterest, donde se organizan visualmente las fichas por área cognitiva.
Si quieres empezar a trabajar estos tipos de atención de forma diferenciada, puedes descargar gratis las fichas de atención de Cogniteka y adaptarlas al nivel y al momento de recuperación de cada persona.