Fichas recortables de coordenadas en blanco y negro
Estas fichas recortables de coordenadas convierten en manipulativa una tarea que suele hacerse con lápiz: en vez de dibujar el símbolo dentro de su casilla, se coge una pieza y se coloca. Cada pieza vive en una casilla, definida por la letra de su fila y el número de su columna.
Qué hay que hacer
Arriba de cada lámina hay una tabla con las piezas puestas; debajo, esa misma tabla con los encabezados cambiados de sitio. Hay que llevar cada pieza a la casilla que tiene sus mismas coordenadas. Como los encabezados se han movido, esa casilla no coincide nunca con el hueco que ocupaba arriba.
Manipular en vez de dibujar
Colocar una pieza y dibujarla no son lo mismo. Quien tiene afectada la mano o el trazo puede resolver la lámina igual, y el resultado deja de mezclar la dificultad de las coordenadas con la de escribir. Además la pieza se levanta y se cambia de sitio, así que rectificar no deja rastro en el papel ni desanima, y eso importa con quien ya llega cansado de equivocarse.
Cómo está repartido el cuaderno
Nueve láminas en tres niveles, dos hojas de clave y una hoja con las treinta piezas. Dos tercios de las casillas van ocupadas y el reparto es parejo: ninguna fila ni ninguna columna queda vacía ni completa, porque una fila vacía no se trabaja y una llena se copia de corrido sin comprobar nada.

La opción más barata de imprimir
Estas fichas recortables de coordenadas van en negro sobre blanco, así que salen de cualquier impresora sin gastar tinta de color. Es también la variante que conviene cuando hay dudas sobre la visión del color: aquí la pieza se reconoce solo por su forma, y son quince formas bien distintas entre sí.
Los tres niveles
De cuatro filas por cinco columnas a seis por siete. En el primer nivel de estas fichas recortables de coordenadas solo cambian de sitio las columnas; desde el segundo cambian también las filas, de modo que ni la posición horizontal ni la vertical sirven ya de pista. Las piezas que colocar pasan de doce a diecinueve y a veintisiete, y la casilla se va haciendo algo más pequeña conforme sube el nivel.
Puntuar por aciertos y no por tiempo
Conviene contar aciertos y errores y dejar el cronómetro quieto. En daño cerebral la lentitud aparece por muchas vías —fatiga, activación baja, velocidad de procesamiento— y cronometrar convierte cualquier resultado en una medida de velocidad. Lo informativo aquí es qué piezas se colocan mal, no cuánto se tarda en terminar.
Para qué profesionales
Lo firma una neuropsicóloga clínica y se usa en consulta de neuropsicología, terapia ocupacional y logopedia, además de en casa. Con las claves al final, estas fichas recortables de coordenadas pueden corregirse sin el profesional delante. Hay más material en las fichas de memoria de trabajo y entre los recortables.
Evidencia
Un metaanálisis sobre control inhibitorio tras un traumatismo craneoencefálico reunió cuarenta y un tamaños del efecto de casi mil pacientes. Encontró afectada la inhibición de respuesta, pero no el control de interferencia medido con tareas tipo Stroop, donde el resultado se explicaba sobre todo por la lentitud (Dimoska-Di Marco et al., 2011).
Por eso el cuaderno no se anuncia como una medida de interferencia ni se cronometra. Sirve para practicar una tarea graduada y para ver un error muy concreto: dejar la pieza donde estaba en el papel en lugar de donde dicen sus coordenadas. Estas fichas recortables de coordenadas se puntúan contando ese error aparte.
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