Cuando un familiar recibe el diagnóstico de afasia, es habitual que oiga nombres como «afasia de Broca» o «afasia de Wernicke» sin que nadie le explique qué significan. Conocer los tipos de afasia ayuda a entender qué ha cambiado en la comunicación de la persona, qué conserva y qué cabe esperar de la rehabilitación. Conviene, eso sí, tomar estas etiquetas como un mapa orientativo y no como un destino: cada persona presenta un perfil propio.

Cómo se clasifican los tipos de afasia
La clasificación clásica, heredera de la tradición de Boston y de pruebas como el Boston Diagnostic Aphasia Examination o la Western Aphasia Battery, se apoya en tres preguntas: ¿habla con fluidez?, ¿comprende lo que se le dice? y ¿puede repetir? De las respuestas surgen los tipos de afasia más conocidos.
Esta taxonomía sigue siendo útil para entenderse entre profesionales y para orientar la evaluación. Pero no sustituye a un análisis detallado de qué componentes del lenguaje (denominación, repetición, comprensión, lectura, escritura) están alterados en cada caso.
Los tipos de afasia no dependen solo de dónde está la lesión: influyen su tamaño, el tiempo transcurrido desde el ictus o el traumatismo, la edad, el nivel educativo y el bilingüismo previo. En la fase aguda el cuadro suele ser más amplio y cambiante, y puede transformarse durante las semanas y meses siguientes por la recuperación espontánea y la rehabilitación. Por eso describen síntomas en un momento dado, no a la persona.
Afasia de Broca: comprende, pero le cuesta producir
En la afasia de Broca, de tipo no fluente, el habla es lenta, esforzada y telegráfica: predominan las palabras con contenido y faltan conectores y terminaciones verbales. La comprensión de frases sencillas suele estar relativamente preservada, y la persona es muy consciente de sus errores, lo que con frecuencia genera frustración.
Se asocia habitualmente a lesiones frontales izquierdas y, en muchos casos, a debilidad del lado derecho del cuerpo. En la práctica, conviene dar tiempo, formular preguntas de respuesta corta y no completar sus frases salvo que lo pida. Adaptar así la comunicación es un criterio válido para todos los tipos de afasia.
Afasia de Wernicke: habla fluida, pero con poca comprensión
La afasia de Wernicke es fluente: el habla conserva el ritmo y la melodía, pero está llena de parafasias (sustituciones de sonidos o palabras) y, a veces, de neologismos, mientras que la comprensión está muy afectada. Suele vincularse a lesiones temporales posteriores izquierdas.
Además, la persona puede tener poca conciencia de sus errores, de modo que no entiende por qué los demás no la entienden. Esto la hace especialmente difícil de sobrellevar para la familia, y exige apoyos visuales, frases cortas y un entorno con pocas distracciones. Como cada uno de los tipos de afasia, requiere una valoración individual.
Afasia global y otros perfiles
La afasia global afecta a la expresión y a la comprensión a la vez, y suele deberse a lesiones extensas en el territorio de la arteria cerebral media izquierda. La producción puede reducirse a unas pocas palabras o automatismos, aunque la persona a menudo conserva mucha información a través del contexto, los gestos, la entonación y la expresión emocional. En algunos casos evoluciona hacia un perfil menos grave durante los primeros meses.
Existen además otros tipos de afasia, como la anómica (dificultad predominante para encontrar palabras), la de conducción (fallo en la repetición) o las transcorticales. Muchas personas no encajan limpiamente en una sola categoría, y el perfil puede cambiar con la recuperación. Puedes ampliar cómo trabajamos cada componente en nuestro artículo sobre la rehabilitación del lenguaje tras un ictus.
Qué dice la investigación
Las etiquetas clásicas tienen límites. Un estudio de Pracar et al. (2025), con 39 personas con afasia de Broca crónica frente a 41 supervivientes de ictus con buena recuperación del lenguaje, observó que la lesión asociada a la persistencia del cuadro no se limitaba al área de Broca clásica: implicaba sobre todo la ínsula izquierda, regiones motoras y parietales, y la desconexión de varios haces de sustancia blanca. Es un estudio observacional de lesiones con muestra pequeña: aporta matices sobre la idea de un «centro del habla» aislado, pero no cambia por sí solo la práctica clínica. Por eso los tipos de afasia funcionan mejor como punto de partida para la valoración que como una etiqueta cerrada.
En cuanto a la intervención, el estudio RELEASE (Brady et al., 2022) integró datos individuales de 5.928 participantes procedentes de 174 conjuntos de datos en un metaanálisis en red. Sus autores concluyen que la frecuencia, la intensidad y la dosis de logopedia se asociaron con mejoras del lenguaje, pero variaron según el dominio y el subgrupo; las mayores ganancias globales aparecieron con 20-50 horas totales de terapia y 4-5 días por semana. Son resultados prometedores que deben interpretarse de forma individualizada, porque no dicen qué pauta conviene a cada persona.
Este material es de apoyo y no sustituye la valoración ni el plan individualizado del profesional. Si en casa hay una persona con afasia, nuestro artículo sobre cómo comunicarse con afasia reúne pautas prácticas para la familia, y en nuestro tablero de Pinterest encontrarás ideas visuales para el día a día.
Si quieres trabajar el lenguaje en casa, puedes descargar gratis nuestras fichas de lenguaje, pensadas como apoyo para que profesionales y familias practiquen de forma graduada.